miércoles, 10 de julio de 2013

BESOS ARDIENTES por Ana Maria Aletto


Situación: un dormitorio, una mujer; luego un hombre.

Ella desnuda, tirada, se despereza a “lo gato”.

En eso, aparece en escena él, que dice: “Amor, en este momento vengo hacia ti, desnudo y con el corazón en la mano.  Voy a cubrir tu cuerpo de besos.  Empezaré por tu nívea frente, besaré con ansias tu pulposa boca, bajaré por tus pechos y jugaré con tus rosados pezones.  Luego dejaré tu vientre, para zambullirme en tu pubis. Por último besaré uno a uno tus dedos del pie”.

Tras una pausa teatral, la vuelve a mirar y corrige: “¿No te parece mejor que lo dejemos para más adelante?   Mejor ponéte a dieta ya, porque el recorrido que tendré que hacer es demasiado largo”.                    

ANIMALARIO: EL HIPOPÓTAMO por Miriam Arias

Ahí están.  Al  verlos en la inmensa pradera, pastando la jugosa hierba tan
tranquilos, se parecen a una postal

al atardecer. Sólo basta mirar su gran
tamaño para que los respeten y nadie se
 atreva a molestarlos. Por ninguna razón
e los puede confundir con otro animal; 
 su nombre viene del griego y significa “caballo de río”. 
Pasan el mayor tiempo en el agua, y allí pelean por el espacio. Habría que
tirar  por tierra la creencia de que comen carne, ya que sólo se alimentan de
hierbas.  En tierra
firme no tienen conflictos y pasean orgullosos sus tres toneladas.  Se creía

que estaban
 emparentados con el cerdo o con el jabalí, pero no es así.  Sí están vinculados
con la majestuosa ballena y con las marsopas. 
En distancias cortas,  pueden correr hasta 19 millas por hora.  Por su naturaleza
agresiva son considerados uno de los animales más peligrosos.  En los últimos
1000 años se han extinguido muchas especies. Son cazados  debido a sus
valiosos dientes de marfil, y porque su carne comestible es una exquisitez. 
Viven entre 45 y 50 años y pasan la mitad de su vida creciendo.
En cautiverio, alcanzan la madurez sexual a los 3 ó 4 años.  En su hábitat natural,
el macho se reproduce entre los 6 y 13 años y las hembras entre !os 7 y 15. 
Se aparean en época seca y los nacimientos se producen en tiempo de lluvia,
tras 240 días de gestación.  Tienen una sola cría, y rara vez, dos.   
Al nacer pesan entre 50 y 55 kg,  y al año 250. 

ANIMALARIO: EL COCODRILO por Stella Maris Parisi



                                                                                   
 

Se craquela el agua en una silueta puntiaguda y temible. Un cocodrilo se pone en movimiento, lentamente, para pasar desapercibido. Unas gacelas se acercan a beber y es el momento oportuno. Sus ojos por sobre la superficie  eligen y calculan la distancia para dar un sorpresivo  salto. Juega con la necesidad de beber de los que se acercan a la orilla .La rapidez del ataque es su táctica. Aferra al animal con sus poderosísimas mandíbulas y lo hunde para ahogarlo. Sus extraordinarios pulmones le permiten estar sumergido por 6 horas, pero no necesita tanto tiempo.  No mastica. No puede.  Lo sacude violentamente y lo despedaza con sus filosos dientes.  Las fuerzas que se enfrentan, generan un torbellino ruidoso y denso, de barro y  agua, que se deja colorear a borbotones, hasta que logra nivelarse nuevamente. -
El río es una superficie plana que esconde ese otro mundo imperceptible  Si  miramos desde la orilla tal vez logremos divisar dos fosas nasales y dos ojos que sobresalen apenas por encima de la superficie del agua, pero dudamos; ¿será otro cocodrilo? Es tan pasmosa su inmovilidad que puede confundirse con un tronco a la deriva. Pero cuando se alerta ante una posible presa, semeja un submarino que inicia lentamente su inmersión, desaparecen de la superficie sus vestigios y se desliza a gran velocidad hacia la victima a la cual  toma desprevenida.-
Este ser ancestral, dotado para vivir entre gigantes, en los escenarios espectrales de la prehistoria, hace más de 200 millones de años, ha logrado sobrevivir .En el proceso de evolución, no se ha despojado de las placas óseas de su dorso y de las escamas en el resto de su cuerpo. Sus fosas nasales y oídos se cierran y en  sus ojos una membrana (que se mueve en sentido transversal) se despliega para protegerlos.
Señor de  ríos y lodazales tropicales, se desliza majestuoso, dejando una larga estela e imponiendo sus reglas a todos los demás animales que necesitan el agua para beber y refrescarse. Y allí radica su estrategia. Conoce las necesidades de los demás y las emplea en su beneficio.
Yace inmóvil al sol para calentarse ¡ Qué placer recibir ese calorcito tan anhelado!. Es que su defecto mayor es tener la sangre fría. Abrir la boca le  ayuda a  administrar el calor ambiente y  aprovecha un diminuto y corajudo pajarito, que quiere conseguir comida fácilmente, a sacarle los restos de carne de entre sus afiladísimos dientes. No sabemos cómo han logrado efectuar este acuerdo, pero es sagrado. El ave entra confiada a sus fauces y el cocodrilo la deja trabajar el tiempo que necesite
Recién en su cumpleaños número 16, en los meses de agosto o setiembre, puede buscar una hembra que ya tenga por lo menos 10 años Tiene que cortejarla con delicadeza, porque es muy selectiva  Ella cavará un nido y desovará de 10 a 40 huevos y él  ya no podrá acercarse porque se tornará muy agresiva
 Cuando después de 80 días, se produzca el nacimiento, proveniente del nido se escucharán sonidos que inducirán a la madre  a prestar ayuda. Se han visto especímenes que llevan  en la boca huevos o crías y por desconocimiento  se ha presupuesto que se las comían, pero, en realidad, las cargan en la boca para ayudarlas a romper el cascarón  o  protegerlas de los depredadores.
 Es sumamente inteligente .Cuando atrapa grandes animales sabe cómo tiene que ahogarlos. Si son peces, incluso tiburones (porque también ha colonizado el mar) los saca del agua, y si son animales terrestres los hunde Su lento metabolismo le permite mantener su actitud pasiva por muchos días porque puede pasar una semana sin comer, así que ejercita su paciencia siempre que puede.
Cuando está en la tierra  y divisa una posible presa, se desliza con sigilo hasta el agua. Se introduce  suavemente, ayudado por su  cabeza triangular y su  alargada fisonomía de hasta seis metros de largo, tan delicadamente que no provoca hondas y no despierta sospechas.
Tiene unos sensores en todo su cuerpo que le permiten captar hasta la más suave vibración o cambio en la presión del agua, lo cual detecta aún en la oscuridad. Sus ojos con pupila vertical ( en algo se parece a los gatos)  le permiten tener una perfecta visión nocturna. Su  iris  plateado  hace que  brillen en la oscuridad.
Si fuera un ser humano sería un político corrupto, exitoso, porque tiene la mordida más poderosa en la tierra, y también por sus lágrimas falsas, que  derrama cuando le son útiles.  O tal vez podría ser  un asesino serial, porque siempre está al asecho, esperando escondido o camuflado, la oportunidad de atacar con velocidad y certeramente.
Iría vestido con traje de cuero, porque no tiene escrúpulos y con anteojos negros para no delatar su mirada.-
Ladino, paciente, oportunista. Prepara emboscadas  e impone sus reglas de dominio, pelea más con hembras que con machos, con los que se enfrenta sin consecuencias sangrientas. No se pone en riesgo innecesariamente. Él sí que ha aprovechado la experiencia propia y ajena de millones de cocodrilos que lo precedieron y le enseñaron a vivir.

ANIMALARIO: EL CABALLO por Elsa Di Sallo



Ahí va, relinchando y trotando por el campo, montado por el hombre, alimentándose de hierbas y de granos, fuerte y enérgico, con sus patas con un solo dedo y su cola corta prolongada por largos pelos.  No tiene más armas que sus cascos, y su velocidad de huída le evita generalmente los enfrentamientos.
Con él siempre es posible entablar amistad.
Si fuese una persona, seguro sería buena gente, leal, estudioso,  y vestiría elegante con smoking y zapatos bien lustrados, para asistir a teatros y conciertos, quizás de la mano de su hembra, la yegua.
En el corral o atado a un palenque, se entristece y abandona su porte de galán, y espera la puesta del sol para descansar, ya que al amanecer debe retomar las actividades que le deparará el día.

ANIMALARIO: EL CASTOR por Norma Pirone


                                             


A pesar de ser un tesoro muy buscado por su hermosa piel, muy utilizada en otras épocas, nada ha logrado intimidarlo. Viven en estado de alerta, parados en sus dos patas, siempre observando el horizonte como si fuera un faro.
Cuentan con poderosos incisivos, que los usan para todo: defenderse, transportar sus materiales de construcción y sus alimentos. Habitan en lugares boscosos, cerca de grndes lagos o ríos, donde fabrican sus famosas madrigueras acuáticas.
Super hábiles para trasladarse  por agua más que por tierra, pueden transportar trncos con sus manos y dientes, ya que su gran cola escamosa actúa de timón.
Como son herbívoros, ése es otro motivo para que vivan en lugares con gran plantaciones de árboles. Para alimentarse, eligen abedules, arces, pinos, bellotas...
Estos simpáticos animalitos son primos de las ardillas, de ahí su forma de ser muy sociables, llegan a formar familia de doce individuos, compuesta por la preja y sus hijos.
Relizan sus actividades desde la primavera al otoño, y en invierno se cobijan en sus confortables viviendas para descansar. Famosas por la habilidad que tienen para la construcción de sus viviendas, la profesión a la que mejor se adaptarían sería a la de ingenieros o arquitectos.



Besos guardados por Enriqueta Catalín



BESOS GUARDADOS
Por Enriqueta Catalín

Amanece.  Juan Ignacio se prepara para ir a la escuela.  Su caballo está listo.  Es la fiesta de la patria y quiere estar bien temprano, debe ensayar algunas canciones con la guitarra que deja en las escuela.
No será fácil el cruce del arroyo.  Ha llovido a torrentes toda la noche.  El vado está profundo.
Con un beso a la madre y un “hasta luego” al padre, parte silbando bajito.
-¡Cuidado hijo-le dice el padre- la creciente se viene brava!
.No tengas miedo,  papá- responde Juani- mi tordillo es buen nadador.
La mañana transcurre sonora, entre el canto de los pájaros después de la lluvia y el murmullo del agua que sigue corriendo.
Es casi mediodía.  Pedrito, el hijo de los vecinos, que ha cruzado el arroyo un poco más arriba, los saluda con una linda sonrisa.
-¿Por qué no fue Juani a la escuela?- pregunta- Hoy tenía que llevar la bandera.
 A los padres les dio un vuelco el corazón.  Sin pérdida de tiempo, Eduardo desata su canoa y rema arroyo abajo.
Gambetea entre camalotes y árboles arrancados al paisaje de la orilla.
Su angustia crece con cada golpe de remo.  Intuye que algo grave ha sucedido.
A lo lejos percibe una mancha blanca entre juncales.  Es el caballo que ha quedado enredado de las bridas en las ramas de un árbol caído.
Eduardo lo desata y lo suelta en la orilla para que regrese a casa.
En cada matorral busca al hijo, en cada camalote y en cada desborde que ha quedado señalado por la resaca.
Nada, Juan Ignacio no aparece.
Rema hasta la desembocadura.  El río ruge furioso.  Eduardo sabe que no puede avanzar.  Si se aventurase en el torrente sería, irremediablemente arrastrado.
En la orilla encuentra un tronco raído y húmedo donde avenar su dolor.
Silencio.  Solo con sus pensamientos.  Se reprocha por todo lo que no hizo por su hijo. ¡Si alguna vez le hubiera dicho cuánto lo quiere!  ¡Si hubiera dedicado más tiempo para estar con él, interesarse en sus cosas, jugar un poco!  ¡Si lo hubiera besado, como lo hacía la madre, en cada despedida y en cada retorno! ¡Si lo hubiese besado cada noche cuando se iban a descansar!
Eduardo, que no rezaba desde la niñez, elevó su corazón en una plegaria profunda, breve, dolorosa.
Entre tanto la madre esperaba en el mirador  de la cabaña, con su delantal húmedo de oraciones.
Después de muchas lágrimas emprende el regreso.
Pesados parecían los remos. Sus brazos acostumbrados al esfuerzo, ahora temblaban. En realidad, lo que pesaba era su corazón.
Entre los juncos de la orilla oyó una voz que lo llamaba. Era una mujer que pedía su ayuda.
No tenía ánimo para hablar con nadie, pero en esos sitios solitarios no se niega una mano a quien la necesita.
Cuando desembarcó, la mujer lo vio tan pálido que lo invitó a tomar algo caliente. Mientras caminaban le contó que tenía un huésped que debía viajar aguas arriba.
Ese era el favor que le pedía.
En la penumbra del rancho, apenas iluminado por el fuego.  Era un pequeño bulto arrebujado en un poncho.
-Buenos días-balbuceó Eduardo.
De un salto, Juan Ignacio, se prendió a su cuello.
Dos besos sonoros se oyeron entre los árboles ribereños. Besos, que por esos lugares, los hombres no acostumbran.




Beso por Elba Fernández



BESO
Por Elba Fernández


Es más joven que yo.
Tiene tan sólo cuarenta años.
Lo amo.
Me acerco a él, lo rodeo
con mis brazos y lo beso.
Un hilo de sangre 
corre por mi rostro.
A pesar de tus espinas,
te sigo amando mi
hermoso palo borracho.