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martes, 24 de junio de 2014
Club de Narradores
CONSEJOS, por Jorge Omar Furlan
-
¿Qué te sugiere la foto del niño frente al
río, Juan?
-
Que
ese niño “somos nosotros”…
-
¿Cómo “nosotros”? El niño es uno,
Juan …
-
Y
nosotros también. El que está ahí sos vos, y yo adentro, tratando de corregirte
y asesorarte.
-
Te hice la pregunta para ver si lo
recordabas. Claro que sé que somos
nosotros, Juan… Teníamos ese lugarcito en el mundo… Como propio. ¿Te
acordás…? Era un lugar muy íntimo, donde
pasábamos mucho tiempo mirando el agua. El palito que flotaba, los chingolos en
los juncos... Te lo puedo describir con lujo de detalles. En una curva, justo
ahí, donde el agua hacía un remanso, se veía una pequeña cascadita… Hermoso
lugar, que olía a naturaleza, y más hermoso aún, porque era nuestro. Sólo iba
con vos, Juan… Era un sitio íntimo… Y mientras veía correr el agua, meditaba
tantas cosas… Cosas acerca de la vida…
del futuro. ¿Sabés? Yo lloraba en ese lugar, por cosas que ahora me parecen
pequeñas, pero que en ese momento eran verdaderos problemas… Al menos para mí…
Era el lugar perfecto, porque nadie veía mis lágrimas. La adolescencia, pucha,
qué complicada que fue… Por momentos quería sobresalir… y en otros, desaparecer. No tenía en claro
nada. Y nadie me hacía ver que las cosas podían ser distintas… Perdón… Sí…
Había alguien. Uno. Vos, Juan, amigo inconmensurable… Te debo mucho… Bueno… ya
que estoy jugando con las palabras, también “debo mucho” gracias a vos… Porque
siempre hicimos lo que quisimos y eso tuvo su costo…, aunque puesto en la
balanza de la vida, lo que pagamos fue menos que los placeres que recibimos…
Sería largo de enumerar… Pero fueron muchas
las cosas que imaginé… que vi y que sentí sentado a la orilla de ese
arroyo… ¿Y sabés una cosa…?
-
¿Qué…?
-
Que hoy, con casi medio siglo encima, les
quiero dar un consejo a todos los adolescentes…
-
¿Cuál…?
-
Que busquen su lugar en el mundo… Ese sitio
íntimo…, como “nosotros”. Que busquen ”su Juan”… Que pongan la balancita al
medio y que lloren y rían y mediten como
lo hizo el niño de la foto, de esa foto en la que Juan y yo nos vemos
reflejados.
Diálogo con “F”, por Sara Bereslavsky
-Lo
felicito, Funes.
-No faltaba más, señora Fátima.
-Los faroles quedaron flamantes con los focos fluorescentes.
-Don Fito, el ferretero, me los fió, señora Fátima
-El ferretero anterior, Don Fabio, no fiaba. Daba facilidades, pero se fundió. Lo recuerdo, era famélico y usaba flequillo. Le decían “Fosforito”.
-Un día fatídico falleció por fumar. Flavia, su esposa, ni fu, ni fa. Ella, de fama dudosa, lloró frente al féretro. La farsante junto a la fosa, fingía fidelidad.
-No faltaba más, señora Fátima.
-Los faroles quedaron flamantes con los focos fluorescentes.
-Don Fito, el ferretero, me los fió, señora Fátima
-El ferretero anterior, Don Fabio, no fiaba. Daba facilidades, pero se fundió. Lo recuerdo, era famélico y usaba flequillo. Le decían “Fosforito”.
-Un día fatídico falleció por fumar. Flavia, su esposa, ni fu, ni fa. Ella, de fama dudosa, lloró frente al féretro. La farsante junto a la fosa, fingía fidelidad.
-Dicen
que no tenía freno. Se había floreado con Franco, el fornido farmacéutico. La
familia sabía que la falaz se quería fugar con él.
- ¿Y cómo lo flechó?
-Lo flechó en la fiesta del folklore.
-En el festival flamenco la encontré feliz.
- ¿Y cómo lo flechó?
-Lo flechó en la fiesta del folklore.
-En el festival flamenco la encontré feliz.
-Felicidad
fugaz. Felipe, un francés de fama y fotógrafo de fortuna, filmó a Flavia.
-Fue
cuando encendió un faso y el fuego se propagó empañando el fastuoso festejo.
-Fantaseaba con los famosos de los que era fanática.
-Fantaseaba con los famosos de los que era fanática.
-Por
eso, a pesar del frío, no faltó cuando actuó el flautista
Faustino Fabiani, de la filarmónica de
Filadelfia.
Cuánta
“f”, por Elsa Cachi
Villanueva
-
Lo felicito, Funes.
-
No faltaba más, señora Fátima.
-
Los faros quedaron flamantes con los focos
fluorescentes.
-
Don Fito, el ferretero, me los fio, señora
Fátima.
-
¿Cómo que se los fio Don Fito, Funes? ¿No
llevaba usted bien forrados los bolsillos de su casaca con un fajo fabuloso
de billetes? Es lo que dice casi frecuentemente usted… ¡Me falló,
me falló! Es una faceta que no conocía de usted, Funes! ¿No será un
”fabulador”? Realmente me resultó un fiasco, puede que sea un caso
fortuito, pero… no creo factible
esa idea. Y ahora deje de farfullar y corra a finiquitar la cuenta. ¡Ah,
Funes, y que le dé la factura!
Club de Narradores de Pemta
Las que compartimos en la
página son apenas algunas de las producciones de algunas de las
“escritoras creativas” del taller…
Sólo una pequeña muestra de
la gran cuota de imaginación que tienen quienes participan de este espacio de
escritura en acción…
Ricardo
Listorti
PACTO, por Ana María Aletto
POR
LAS VENTANAS DE LA CASA ESCAPABA UNA
MÚSICA MONOCORDE. NOS ENCONTRAMOS. QUERÍA ENTRAR LO MÁS PRONTO POSIBLE. SABÍA
QUE TODO IRÍA BIEN.
ESTABA
CONTENTO. AHORA PODIA SER ÉL MISMO. NADIE
LO VERÍA. ERA NUESTRO SECRETO. HARÍAMOS LO OPUESTO DE LO QUE LOS DEMÁS ESPERABAN DE
NOSOTROS.
EN
EL LIVING, SILENCIOSO COMO UNA TUMBA, CONCENTRADOS EN DESCUARTIZAR AL PEQUEÑO GATO
SIAMÉS, JURAMOS COMO LOS PIRATAS NO CONTAR QUE MATAMOS AL GATO DE LA ABUELA
SÓLO POR DARNOS UN GUSTO.
DOS HISTORIAS O UNA
POR REGINA MARTÍNEZ PASTUR
Y llegábamos hasta el agua, que en un susurro de canciones y
caricias nos hacía entrar en su profundidad
con mágicas cabriolas. Nuestros sentidos se enfebrecían con movimientos
ondulantes y gritos de aliento y alegría. Era mágico ese instante, casi
sublime; tanto, que nos hacía sentir el contacto de las olas y el salitre de su
espuma.
Y ahí lo
espero como cada día. A él, al sueño envuelto en caricias. Pero no llega.
Sólo olas y caracolas vacías. Sé que se
ha ido. Que ya no volverá. Se fue tras un grito de desesperanza. El de un niño
que atrajo a muchos, el grito de un niño buscando ayuda, aunque a
él nadie pudo ayudarlo. Se quedó allá en el fondo del azulverde…, y yo, en la
arena seca, mirando el agua.
Espacio de escritura en acción…
Las que compartimos en la
página son apenas algunas de las producciones de algunas de las
“escritoras creativas” del taller…
Sólo una pequeña muestra de
la gran cuota de imaginación que tienen quienes participan de este espacio de
escritura en acción…
Ricardo
Listorti
PACTO, por Ana María Aletto
POR
LAS VENTANAS DE LA CASA ESCAPABA UNA
MÚSICA MONOCORDE. NOS ENCONTRAMOS. QUERÍA ENTRAR LO MÁS PRONTO POSIBLE. SABÍA
QUE TODO IRÍA BIEN.
ESTABA
CONTENTO. AHORA PODIA SER ÉL MISMO. NADIE
LO VERÍA. ERA NUESTRO SECRETO. HARÍAMOS LO OPUESTO DE LO QUE LOS DEMÁS ESPERABAN DE
NOSOTROS.
EN
EL LIVING, SILENCIOSO COMO UNA TUMBA, CONCENTRADOS EN DESCUARTIZAR AL PEQUEÑO GATO
SIAMÉS, JURAMOS COMO LOS PIRATAS NO CONTAR QUE MATAMOS AL GATO DE LA ABUELA
SÓLO POR DARNOS UN GUSTO.
DOS HISTORIAS O UNA
POR REGINA MARTÍNEZ PASTUR
Y llegábamos hasta el agua, que en un susurro de canciones y
caricias nos hacía entrar en su profundidad
con mágicas cabriolas. Nuestros sentidos se enfebrecían con movimientos
ondulantes y gritos de aliento y alegría. Era mágico ese instante, casi
sublime; tanto, que nos hacía sentir el contacto de las olas y el salitre de su
espuma.
Y ahí lo
espero como cada día. A él, al sueño envuelto en caricias. Pero no llega.
Sólo olas y caracolas vacías. Sé que se
ha ido. Que ya no volverá. Se fue tras un grito de desesperanza. El de un niño
que atrajo a muchos, el grito de un niño buscando ayuda, aunque a
él nadie pudo ayudarlo. Se quedó allá en el fondo del azulverde…, y yo, en la
arena seca, mirando el agua.
CONSEJOS, por Jorge Omar Furlan
-
¿Qué te sugiere la foto del niño frente al
río, Juan?
-
Que
ese niño “somos nosotros”…
-
¿Cómo “nosotros”? El niño es uno,
Juan …
-
Y
nosotros también. El que está ahí sos vos, y yo adentro, tratando de corregirte
y asesorarte.
-
Te hice la pregunta para ver si lo
recordabas. Claro que sé que somos
nosotros, Juan… Teníamos ese lugarcito en el mundo… Como propio. ¿Te
acordás…? Era un lugar muy íntimo, donde
pasábamos mucho tiempo mirando el agua. El palito que flotaba, los chingolos en
los juncos... Te lo puedo describir con lujo de detalles. En una curva, justo
ahí, donde el agua hacía un remanso, se veía una pequeña cascadita… Hermoso
lugar, que olía a naturaleza, y más hermoso aún, porque era nuestro. Sólo iba
con vos, Juan… Era un sitio íntimo… Y mientras veía correr el agua, meditaba
tantas cosas… Cosas acerca de la vida…
del futuro. ¿Sabés? Yo lloraba en ese lugar, por cosas que ahora me parecen
pequeñas, pero que en ese momento eran verdaderos problemas… Al menos para mí…
Era el lugar perfecto, porque nadie veía mis lágrimas. La adolescencia, pucha,
qué complicada que fue… Por momentos quería sobresalir… y en otros, desaparecer. No tenía en claro
nada. Y nadie me hacía ver que las cosas podían ser distintas… Perdón… Sí…
Había alguien. Uno. Vos, Juan, amigo inconmensurable… Te debo mucho… Bueno… ya
que estoy jugando con las palabras, también “debo mucho” gracias a vos… Porque
siempre hicimos lo que quisimos y eso tuvo su costo…, aunque puesto en la
balanza de la vida, lo que pagamos fue menos que los placeres que recibimos…
Sería largo de enumerar… Pero fueron muchas
las cosas que imaginé… que vi y que sentí sentado a la orilla de ese
arroyo… ¿Y sabés una cosa…?
-
¿Qué…?
-
Que hoy, con casi medio siglo encima, les
quiero dar un consejo a todos los adolescentes…
-
¿Cuál…?
-
Que busquen su lugar en el mundo… Ese sitio
íntimo…, como “nosotros”. Que busquen ”su Juan”… Que pongan la balancita al
medio y que lloren y rían y mediten como
lo hizo el niño de la foto, de esa foto en la que Juan y yo nos vemos
reflejados.
Diálogo con “F”, por Sara Bereslavsky
-Lo
felicito, Funes.
-No faltaba más, señora Fátima.
-Los faroles quedaron flamantes con los focos fluorescentes.
-Don Fito, el ferretero, me los fió, señora Fátima
-El ferretero anterior, Don Fabio, no fiaba. Daba facilidades, pero se fundió. Lo recuerdo, era famélico y usaba flequillo. Le decían “Fosforito”.
-Un día fatídico falleció por fumar. Flavia, su esposa, ni fu, ni fa. Ella, de fama dudosa, lloró frente al féretro. La farsante junto a la fosa, fingía fidelidad.
-No faltaba más, señora Fátima.
-Los faroles quedaron flamantes con los focos fluorescentes.
-Don Fito, el ferretero, me los fió, señora Fátima
-El ferretero anterior, Don Fabio, no fiaba. Daba facilidades, pero se fundió. Lo recuerdo, era famélico y usaba flequillo. Le decían “Fosforito”.
-Un día fatídico falleció por fumar. Flavia, su esposa, ni fu, ni fa. Ella, de fama dudosa, lloró frente al féretro. La farsante junto a la fosa, fingía fidelidad.
-Dicen
que no tenía freno. Se había floreado con Franco, el fornido farmacéutico. La
familia sabía que la falaz se quería fugar con él.
- ¿Y cómo lo flechó?
-Lo flechó en la fiesta del folklore.
-En el festival flamenco la encontré feliz.
- ¿Y cómo lo flechó?
-Lo flechó en la fiesta del folklore.
-En el festival flamenco la encontré feliz.
-Felicidad
fugaz. Felipe, un francés de fama y fotógrafo de fortuna, filmó a Flavia.
-Fue
cuando encendió un faso y el fuego se propagó empañando el fastuoso festejo.
-Fantaseaba con los famosos de los que era fanática.
-Fantaseaba con los famosos de los que era fanática.
-Por
eso, a pesar del frío, no faltó cuando actuó el flautista
Faustino Fabiani, de la filarmónica de
Filadelfia.
Cuánta
“f”, por Elsa Cachi
Villanueva
-
Lo felicito, Funes.
-
No faltaba más, señora Fátima.
-
Los faros quedaron flamantes con los focos
fluorescentes.
-
Don Fito, el ferretero, me los fio, señora
Fátima.
-
¿Cómo que se los fio Don Fito, Funes? ¿No
llevaba usted bien forrados los bolsillos de su casaca con un fajo fabuloso
de billetes? Es lo que dice casi frecuentemente usted… ¡Me falló,
me falló! Es una faceta que no conocía de usted, Funes! ¿No será un
”fabulador”? Realmente me resultó un fiasco, puede que sea un caso
fortuito, pero… no creo factible
esa idea. Y ahora deje de farfullar y corra a finiquitar la cuenta. ¡Ah,
Funes, y que le dé la factura!
jueves, 11 de julio de 2013
ANIMALARIO: EL MONO por SARA BERESLAVSKY
Es
el más parecido al hombre, pero optó por ser mono.
Como
el homo sapiens, es inteligente, vivaz, simpático y sociable.
Podría
vestir un jardinero de jean, remera rayada y zapatillas acordonadas;
en cambio
prefirió la modesta mantita de lana que trajo al nacer.
No
necesita nada. Es feliz.
Se
desliza de rama en rama en un vuelo ágil y armonioso. Al llegar al lugar
elegido, se rasca la cabeza, mientras selecciona el fruto que le va a servir de
desayuno.
¿Alguna
nuez verde?¿O algún coco? Se decide por el coco.
Con
una ramita a modo de punzón, busca el punto exacto y lo perfora .Sus ojitos
vivaces brillan como dos granos de café al sol. Bebe el rico jugo .”¡Empieza
bien
la mañana!” parece decir su lengua, mientras se relame, goloso.
Como
flechas que surcan el bosque, se acerca su familia.
Bailarines
del aire, en un juego de abrazos, palmadas y empujones, agitan ramas y hojas.
Por
ahí anda su madre amorosa, que hace poco
tiempo lo destetó, después de
amamantarlo durante los tres primeros años. Ella
lo llevaba a babuchas hasta
que pudo
valerse solo.
En
un futuro cercano, tendrá que buscar una pareja estable; aunque mantendrá
una
estrecha relación con su madre durante toda la vida.
En
ese medio donde se desarrolla su existencia, encuentra el sustento: las hojas
de los vegetales, pequeños insectos y algunos otros manjares como frutos,
raíces y flores.
Después
del opíparo almuerzo, duerme una siesta reparadora.
El
hecho de vivir en comunidad hace que toda la manada lo defienda, en caso de
ser
agredido, para lo que cuentan con un arsenal compuesto por cáscara de
frutos y
piedras, que arrojan en forma de proyectiles, para ahuyentar al enemigo.
Los
aullidos estridentes despiden la tarde que llega a su
fin.
Los
montoncitos peludos, de variados tonos castaños, se acurrucan entre el follaje
de los árboles.
Comienzan los cantos de la noche. Los murmullos. Los susurros.
Comienzan los cantos de la noche. Los murmullos. Los susurros.
ANIMALARIO: EL GATO por Cachi Villanueva
Es un animal
aristocrático y agudo; cazador, cariñoso y por sobre todo, independiente.
Curioso, dormilón
y de admirable destreza física, parece un gimnasta natural: realiza
diferentes
piruetas y saltos y trepa en cualquier lugar.
Tiene mucha
personalidad.
Para tratarlo, hay
que pensar "como un gato".
Quiere su propio
espacio. Y lo defiende.
Ve a las personas
como si fueran su mamá, lo que se nota cuando se acerca con
su cola tiesa y cuando
reclama porque tiene hambre.
Hay cuatro tipos
de caracteres: el tímido, que se mantiene a distancia, y al primer mimo
"se rompe el hielo" y se transforma en un animal muy apegado a los
suyos; el extrovertido
que no tiene
temor al hombre y luego de un tiempo se deja acariciar y se cobija en los
brazos de su amo; está el caprichoso, que lo toma todo a mal: su
"enojo" puede durar
horas y mejor no quitarle algo que él quiere; dispone
de muchas artimañas para dejar
en claro quién lleva la batuta; por último, el
tranquilo, al que le gusta la calma y el equilibrio.
A diferencia del
hombre, no ha perdido su identidad de animal semisalvaje e
independiente. Sin embargo
se le parece bastante: le gusta la
comodidad y el cariño;
es insistente y exigente, y quiere huir cuando se lo
quiere atrapar. Y por si esto fuera
poco, se lava las manos como si nada pasara.
Se alimenta,
principalmente, de roedores. No es vegetariano: necesita nutrientes de
origen
animal. La leche es su alimento preferido.
Desde los seis
meses de vida, hasta los nueve o diez, comienza la madurez sexual
de la gata; el
macho es apto desde los nueve u once meses. La hembra se muestra
más cariñosa. Se
frota contra personas y objetos, revolcándose y efectuando cabriolas
y
piruetas. La orina tiene un olor muy fuerte, que sirve de perfume atractivo a
los
machos de la vecindad.
Elegante como es,
se vestiría con pijamas, pues le encanta
"descansar" todo el día. Y
así pasearía por lugares verdes, con mucha
arboleda y muchos pajaritos, que son los
sitios que le apasiona recorrer...
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